Capítulo 5: El cuerpo de mi padre

© Copyright Margarita MedGut
Me decidí y respondí a Yertra; era necesario saber la verdad, nada perdía, y tenía la duda de por qué mi amiga tomó esa decisión sin consultarme; era claro que había una confabulación en mi contra. Y al responder, Yertra dijo lo siguiente:
-¿Estás ahí, Cedric? ¿Por qué no me has respondido? Te he estado llamando, necesito verte mañana porque es importante.
Estaba tan furioso que pensé en decirle todo lo que sentía, pero preferí controlarme, porque corría el riesgo de que no me dijera a dónde se había llevado el cuerpo de mi padre, así que hablé calmado si quería información.
—Aquí estoy escuchándote —agregué. – ¿Por qué te llevaste el cuerpo de mi padre? Y en todo caso, ¿qué hiciste con él? Esta mañana fui a la oficina de incineración a averiguar qué sucedió, y me dijeron que tú recogiste el cuerpo. ¿Qué hiciste con mi padre Yertra? ¿A dónde lo has llevado?
-Te he estado llamando para que me acompañes a un lugar especial; ahí está el cuerpo de tu padre, y tienes que venir, el Sr. Malakai Vance quiere verte. – Agregó Yertra con una voz fría y distante.
-¿Qué pretendes hacer, Yertra? Quiero darle sepultura a mi padre, así que me vas a entregar su cuerpo; no tenías derecho de llevarlo contigo. Aparte, quiero saber cómo falsificaste mi nombre. —Exclamé simplemente furioso.
-Te espero en la calle de los códigos muertos, número 666; toca el timbre solo una vez, la puerta se abrirá y solo sube los escalones, no hagas más preguntas; mañana te espero a las 11 de la noche. —Agregó Yertra con un tono sin sentido; al parecer estaba drogada, o eso percibí.
-¿Estás loca? ¿Por qué a esa hora?
En ese instante, Yertra apagó el celular, ni siquiera me escuchó, y yo no sabía qué hacer; el sitio me quedaba un poco lejos; empero, quería averiguar el paradero de mi padre, así que me arriesgaría. Mientras tanto, me di una ducha, luego me recosté en la cama y encendí la televisión; no podía descansar, estaba tan inmerso en mis pensamientos que perdí la noción del tiempo, pero finalmente, pude dormitar.
Me desperté faltando un cuarto para las 5 de la tarde; era tanta mi decepción que decidí mirar solo la ciudad y pensar en mis malos actos; eso me ayudaba y me daba paz para buscar una solución. Tenía muy presente que tenía que salir a las 10 de la noche, así que me duché y luego llamé a la oficina de Correos Virtuales, y el jefe regional me mencionó que podía descansar lo que restaba del mes, todo con tal de que me recuperara. Me quedé incluso más tranquilo; por el momento no debía preocuparme de eso. En eso, miré mi reloj y faltaban 20 minutos para las 9 de la noche; ya se estaba acercando el tiempo. Busqué algunas prendas de vestir cómodas y, 5 minutos antes de las diez, pedí un taxi.
El taxi recorrió la Avenida 8 por unos 15 minutos, luego dio la vuelta por la calle Warrior por otros 10 minutos más; finalmente, me indicó que estábamos en la calle de los códigos muertos, solo teníamos que avanzar para encontrar el número 666, y pues, era a donde me dirigía. Me bajé del taxi frente a una casona vieja, no muy grande, de aspecto colonial; tenía al lado otras casonas similares. Toqué el timbre una sola vez como dijo Yertra; unos minutos después la puerta se abrió lentamente, y al entrar, un hombre me indicó que tenía que subir los escalones. Luego se escuchó el golpe de la puerta al cerrarse, que era de metal, bastante hermética, pero lo que me llamó la atención fueron las velas que adornaban cada escalón; ni siquiera había luces, la luz de estas alumbraba el camino. 5 pisos arriba me encontré con un gran salón; en medio estaba una mesa alargada de metal, montada con un mantel rojo tipo pana, y con loza para unas 10 o más personas que ya estaban llegando poco a poco, además de jarrones con ramilletes de marihuana y unos bowls con cocaína. También había una pequeña puerta que daba a otra habitación; supuse que era una cocina. El ambiente me pareció un poco oscuro, y de pronto Yertra se apareció:
—¿De dónde saliste? —cuestioné.
-Estaba en la cocina haciendo los últimos preparativos para esta cena; es especialmente para ti, te lo debemos, querido Cedric. —agregó.
—Yo no vine a cenar, me dijiste que aquí tenías el cuerpo de mi padre, por eso he venido.
-El cuerpo de tu padre está aquí, en este cuarto; en cuanto se termine esta cena, lo sabrás. Puedes sentarte; todas estas personas han venido a presenciar tu iniciación, son de nuestro bando. -Exclamó Yertra con un tono extraño.
—¿Estás bebiendo? —le pregunté. —Además, ¿qué hacen estas personas aquí? No las conozco, ¿y por qué están vestidos con túnica? Me dijiste que el jefe quería verme, ¿dónde está?
-Ya te lo he dicho, han venido al ritual, la cena va a comenzar, es necesario que tomes asiento, bebe una copa de vino, es exquisito; el jefe no vendrá porque somos sus lacayos.
-No sé qué te sucede, Yertra; cada día te veo peor. Ya no eres esa chica indiferente de la secundaria; no sé cómo me he podido dejar arrastrar por ti. – Agregué decepcionado.
Sin sacar más información de Yertra, no me quedó más que sentarme. En ese instante, todas las personas presentes tomaron asiento y se sirvieron vino tinto; otros comenzaron a drogarse de una forma mesurada. Por mi parte, saludé cortésmente y también me serví un poco de vino; realmente todo esto no me olía nada bien. Pasados los 30 minutos, se escuchó el sonido de una pequeña campana, y Yertra se sentó a mi lado; luego, de la cocina salieron 4 hombres con charolas, de aspecto delgado, cabellos largos y finos, de mirada muy melancólica, pero a la vez perversa. Las charolas estaban repletas de carne horneada, bañadas con salsa de bechamel y con un aroma que me pareció exquisito; luego otro hombre salió con otra charola, donde llevaba trufas de chocolate. Uno de los hombres de la mesa comenzó a realizar un extraño rezo en voz alta; todos repetían después de él y, sin más preámbulos, comenzamos a cenar. La carne estaba exquisita; nunca en mi vida había probado algo tan delicioso. Creo que todos deleitamos nuestro paladar con tan exquisitos cortes. Luego nos sirvieron más vino tinto, que también tenía un aroma gustoso; finalmente, deleitamos las trufas. Una vez que habíamos bebido y comido, las personas comenzaron a beber y beber, otros a drogarse, ahora sí desmesuradamente. Luego, el mismo hombre que ofició el rezo antes de la cena tomó a Yertra a la fuerza; mi amiga comenzó a sollozar, y sucedió lo que no imaginaba: todos iban a ultrajarla, así que me acerqué y traté de ayudarla, pero dos de esos hombres me zumbaron y me ataron a una de las sillas. Presencié cómo todos abusaron de Yertra, mientras que otro hacía una grabación; fue algo terrible que no he podido olvidar. Después de que sucedió aquella escena, me soltaron y entonces corrí a abrazarla, y la cuestioné:
-¿Qué fue todo esto, Yertra? Tenemos que ir al hospital, tienes que denunciarlos; lo que hicieron es una bajeza. —Le dije muy sorprendido y furioso.
-Por favor, no te metas en mis asuntos, esto es algo normal en nuestra secta; en otras ocasiones son otras mujeres, y hasta niñas, las que son ultrajadas. Solamente soy un títere, no puedes hacer nada por mí; si me llevas al hospital, mañana amaneces muerto y ultrajado también. -Agregó sollozando.
-¿Qué es todo esto, Yertra? ¿Por qué no le dices al Sr. Malakai Vance lo que acaba de suceder? Quizás te pueda ayudar. —Agregué más calmado.
-El Sr. Malakai Vance es el que ordena que sucedan estas escenas; luego las grabaciones son enviadas a él. Agregó ella.
-¿Para qué querría esas grabaciones? ¿Qué ganaría con eso? Deberías hablarlo con él; es necesario que se entere de lo que sientes y, si no se lo dices tú, se lo digo yo. – Le dije furioso, mientras miraba cómo aquellos hombres se iban retirando uno por uno.
Minutos después, nos quedamos solo nosotros; hasta los sirvientes se habían retirado terminada su labor en el salón, y aunque no era el momento de cuestionar a Yertra sobre el paradero de mi padre, tenía que hacerlo…
