Sr. Malakai Vance CAP. 6

Capítulo 6: La nota

© Copyright Margarita MedGut

No tuve mucha suerte en la conversación que tuve con Yertra; justo le iba a hacer la pregunta, y se quedó dormida. Opté por abrazarla y salir de aquel lugar; por suerte, pasó un taxi que rápidamente nos llevó a mi departamento. La recosté en la cama para que descansara y se recuperara, ya que había sido ultrajada por esos animales. Me recosté en el sillón que estaba al lado de la cama, pero no pude pegar el ojo; toda la escena que presencié había sido muy cruda y fuerte. No dejaba de pensar, y apenas cerraba los ojos comenzaba a tener pesadillas, así que opté por un café, encendí la televisión a volumen bajo, ya que Yertra descansaba y no quería molestarle.
La mañana no se hizo esperar; me levanté del sillón un poco adormilado y me propuse preparar un poco de café. Yertra quizás no despertaría hasta más tarde. Después de beber mi café, me decidí ir personalmente a Popi Foods por un delicioso desayuno. Recuerdo que pedí unos waffles con fruta y una malteada de fresa; lo recuerdo muy bien, porque no tardé mucho en regresar a mi departamento y ver que Yertra ya no estaba, se había ido. Sobre el sillón había una nota que decía lo siguiente:

Querido Cedric:
Me tengo que ir, estoy muy agradecida por todo lo que hiciste; sin embargo, no merezco tu cortesía, me he portado muy mal contigo, me merecía lo que esos hombres me hicieron. Llevo algunos años tratando de salir de la secta, pero no es tan fácil porque me matarían. Siento mucho haberte arrastrado conmigo. Por otro lado, el cuerpo de tu padre fue congelado hasta que te dieron de alta del hospital. Luego, la cena se hizo en tu nombre, porque fue la ofrenda que le entregaste a Sr. Malakai Vance: el alma de tu padre, y nosotros, como lacayos, es nuestro deber comer los cuerpos de la ofrenda. Con esto quiero decirte que la cena de anoche fue ese cuerpo; nos comimos a tu padre, el vino que bebiste tenía algunas gotas de sangre, las trufas y las drogas son para poder tomar valor a la hora de hacer semejante rito; sin embargo, con el paso del tiempo le vas tomando un gusto a comer carne humana.
Todo esto no son ideas mías, Cedric; el Sr. Malakai Vance nos encomienda este tipo de tareas. Lo siento mucho, pero si no lo hacía, yo iba a terminar en la mesa. Por otro lado, te pedí que no intervinieras anoche, ya que yo me ofrecí horas antes para ser ultrajada; si no, tú ibas a ser el humillado, el abusado y grabado por aquellos hombres. Lo hice por ti; finalmente, es mi culpa el haberte arrastrado hasta este pozo.
Perdóname, ahora eres parte de nuestra secta, has comido carne humana y en días te serán encomendadas tareas como las que yo hago: recoger cuerpos, arrastrar a las personas a nuestra secta y hasta ser humillada y abusada cuando es necesario. Al principio no podía dormir, pero me acostumbré, si no iba a ser sacrificada por esos hombres.

Cuando terminé de leer la nota, corrí como loco al baño; parecía desquiciado, expulsé todo lo que pude de mi cuerpo; estaba maldito, destinado a la miseria por tan gran pecado que había cometido. ¿Cómo me iba a recuperar? ¿Cómo pudo Yertra hacerme esto? Las lágrimas corrían por mi rostro; furioso, quería suicidarme, todo lo había hecho mal, maldita ambición, carajo. Se repetía sin cesar en mi cabeza. – ¿Cómo se sentiría mi madre si viviera? Decepcionada de tener un hijo tan perverso, tan vil. -Pensaba. Horas después me calmé un poco, pero los pensamientos oscuros me estaban matando por dentro. Tenía que ver a Yertra, tenía que salir de todo ese embrollo en el que yo mismo me había metido; además, por poco y soy ultrajado y violado, y sepa Dios para qué quieren esas grabaciones tan hostiles.
Por días no pude probar bocado, solo agua; imaginaba el cuerpo de mi padre en la mesa, y las pesadillas se comenzaron a presentar a partir de ese día. No descansaba, estaba deprimido, bebía mucho y no podía localizar a Yertra. Pensé que me buscaría cuando necesitara algo; por mi parte, sentía deseos inmensos de asesinarla por todo lo acontecido; era su responsabilidad. Las pesadillas me estaban matando, tanto que ya no dormía porque tenía mucho horror.
Dos meses después, me encontraba en la oficina de Correos Virtuales; estaba un poco más tranquilo, aunque las pesadillas persistían y no podía comer mucho, ya que adquirí una anorexia nerviosa que no podía superar. Al menos mi nueva oficina era muy bonita y acogedora, tenía secretaria particular, mejores beneficios, y qué decir del sueldo; además, me había recuperado por completo, ya podía caminar bien y adquirí el coche de mis sueños. Una mañana me disponía a salir de mi departamento hacia mi trabajo, entonces una llamada extraña entró a mi móvil nuevo, ya que el celular del sobre lo destruí, lo quemé; ese teléfono solo trajo desgracias a mi vida. -Eso pensaba siempre que me sentía deprimido.
Respondí la llamada entrante; quizás era algún cliente importante para la Oficina de Correos. No obstante, al escuchar aquella voz familiar, mi rostro se puso pálido, acobardado ante la fría y sobrecogedora voz que yacía en la línea.
¿Quién podía ser?…