El huésped

©Copyright Margarita MedGut

A woman in a flowing black lace dress walking among colorful flowers with ruined gothic arches and a crescent moon above

Acudes por mí, puntual en cada ocaso, para besar los jirones de mi alma. Me revelas senderos que son oportunos para mi espíritu, pero fatales para mi realidad; esas rutas que solo se transitan cuando el cuerpo se rinde al sueño. Siento esa brisa sutil, ese roce de aire gélido en el rostro, y comprendo que has vuelto para arrastrarme hacia tu reino.

Frente a mis ojos se abren dos ventanas, como dos portales en disputa: En la primera, contemplo la inercia de este mundo gris y asfixiante. En la segunda, te descubro a ti, oh bello fantasma, ejerciendo un magnetismo abisal que me reclama.

A través de tu mirada, observo una ciudad imposible: Edificaciones colosales erigidas sobre la espesura de árboles gigantes, cada raíz un imperio, cada rama un país habitado por seres de piel azulada y bestias peculiares que desafían toda lógica zoológica. Allí, la tecnología es una danza de luz avanzada, un despliegue de ingenio que reduce nuestra realidad a un boceto primitivo.

Bello fantasma, no te empeñes en seguir mostrándome ese horizonte que, a primera vista, resulta estremecedor por su perfección. De pronto, la vigilia me reclama con su peso de plomo. Te veo partir, una silueta que se desvanece por el marco de mi ventana, dejándome solo el consuelo de la espera… porque sé que cuando el sol muera, volverás por mí.


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