Es mudo mi silencio, como muda es la eustoma que cada mañana despierta en el jardín. Sin voz es tu mirada, como el rastro de arena que recorre para encontrarte.
La soledad no grita: baila conmigo cada madrugada, en puntillas. Porque el dolor es un idioma silencioso, y el perdón, un susurro que apenas se escucha.
El cielo es la promesa de quienes se perdieron, pero el infierno… el infierno es un destino compartido. Como lo es el amor, como lo es este frío que nos emana.


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