Culpa

Te vi partir en el tren de las diez: un féretro de acero surcando la nada hacia un mar donde la luz no se atreve a entrar. Tus ojos, antes luceros, eran ya dos cuencas de abismo reflejando el vacío que yo mismo sembré.

¿Cómo pude habitar tanta ceguera? Mis manos, ahora mendigas, buscan un rastro de tu calor y solo tropiezan con el eco frío de tu piel. Tu risa, que fue mi único cielo, es hoy un lamento que me abre el pecho.

En el jardín de mi madre, santuario de nuestros sueños, tu llanto humedeció la tierra como una herida abierta. ¿Quién te hundió el puñal de la tristeza? ¿Fui yo, acaso, el verdugo de tu paz?

El tren se hundió en la bruma, llevándose mi calma. Hoy solo queda el rastro de un adiós estéril y esta culpa que me devora, lenta, desde adentro.


Una respuesta a «Culpa»

  1. Un precioso poema con el dolor presente en cada verso. Me encanta. Un abrazo.

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