La vigilia de Selene

©Copyright Margarita MedGut

Me senté a la orilla del río, buscando en el reflejo de la luna llena una respuesta que el silencio me negaba. De pronto, una pregunta se clavó en mi pecho como una astilla: —¿Qué quedará de mí cuando la soledad, mi única compañera, decida abandonarme? ¿Y qué será de ti cuando mi sombra deje de proyectarse sobre tu camino? El llanto emergió sin permiso, anegando mi mirada antes de que el orgullo lograra secarla. Un gélido viento, como una mano de cristal, rozó mi cuerpo; no huí de su abrazo, pues supe que era un susurro elemental, un hálito de paz para mi corazón en llamas. Me entregué al herbaje, buscando en el sueño un refugio contra tu recuerdo. Pero el descanso es un verdugo traicionero: en la penumbra del sueño, la verdad se volvió implacable, revelándome que todos somos náufragos con fecha de caducidad en este mundo que, a veces, se olvida de ser humano.


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