Una niebla espesa y sofocante había devorado el bosque. Yo corría desesperada, con el pecho ardiendo, suplicando al cielo no tropezar con los viejos troncos cubiertos de liquen que parecían garras emergiendo de la tierra. Mi mundo se disipaba con cada exhalación; un escalofrío me estremeció la columna justo antes de perder el equilibrio. Me … Continuar leyendo Baital
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