Sin categoría

  • No soy

    No soy lo que escribo, ni soy lo que digo. No pretendo dictar poesía, aunque mis dedos bailan con alegría sobre el papel. Solo trazo letras que mi alma, en su silencio, transforma en palabras. Cada noche, mi inconsciente me entrega un encargo: imágenes que habitan mis sueños y exigen ser rescatadas en relatos. Me…

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  • El fantasma de Rita

    A diario, Rita cruzaba el umbral del camposanto cargada de agapantos y mezcal. Esa mañana intenté detenerla, le preguntó el motivo de su ofrenda, pero me ignoró; solo siguió su camino, flotando entre las lápidas. Sus ojos desprendían una alegría extraña mientras repartía las flores. Bebía un sorbo de mezcal y bailaba una melodía que…

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  • Sublime

    Era sublime buscar tus ojos en la penumbra. He cruzado mil miradas: algunas cargadas de pesadumbre, otras tantas afligidas, y muy pocas que conocieran el brillo de la dicha. Pero esa noche, el abismo en tus pupilas fue distinto. Reconocí tu mirada en el mapa de mis memorias; era un espejo de la de mi…

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  • Sin voz

    Es mudo mi silencio, como muda es la eustoma que cada mañana despierta en el jardín. Sin voz es tu mirada, como el rastro de arena que recorre para encontrarte. La soledad no grita: baila conmigo cada madrugada, en puntillas. Porque el dolor es un idioma silencioso, y el perdón, un susurro que apenas se…

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  • Oh, Lluvia Despiadada

    La lluvia no caía del cielo, brotaba de mi estampa; me hallé en un páramo extraño, donde el amor se hizo ceniza. Un tornado de ausencias barrió los rostros que amaba, dejándome a merced de este exilio desconocido. Te miré con el hielo de quien ya lo ha perdido todo, con el hambre de arrancarte…

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  • Culpa

    Te vi partir en el tren de las diez: un féretro de acero surcando la nada hacia un mar donde la luz no se atreve a entrar. Tus ojos, antes luceros, eran ya dos cuencas de abismo reflejando el vacío que yo mismo sembré. ¿Cómo pude habitar tanta ceguera? Mis manos, ahora mendigas, buscan un…

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  • La Rosa Negra

    Aquella tarde en la orilla, una voz susurró como una melodía dulce que aún me habita. En su mano tersa, el presagio: una rosa negra que el destino me entregaba. Aún la guarda entre páginas olvidadas, marchita, seca, testigo de un naufragio. Esa flor que desarmó mi pecho con el filo agudo del desamor. Regresé…

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