Jardín de la muerte

©Copyright Margarita MedGut

Dark garden with blood-red flowers

Mis letras se han evaporado en el éter, mi decoro yace abrasado bajo un sol inclemente y tu amor… tu amor ha sido la condena que habitó mis días.

Te había relegado al olvido, venerada soledad, mientras peregrinaba por confines ajenos y ruidosos. Hoy debo confesarte que extrañé tu frío; comprendo al fin que nunca viviré sin ti. Serás siempre mi séquito más fiel, mi adepto silencioso, mi albedrío perpetuo… Porque mi libertad solo existe cuando me fundo en tu vacío.

Todos, sin excepción, caminaremos por los jardines de la muerte, ese huerto de sombras donde tú reinas. Serás el guardián de las evocaciones cabales, de esos vestigios de memoria que en este mundo hacinamos como tesoros de un naufragio que nadie vendrá a reclamar.

Anhelo ceñirme a tu ausencia, ser parte de tu esencia estéril; y tú, soberano del silencio, serás el bálsamo mórbido, ese licor que las flores exudan en las praderas del olvido antes de entregarse, dóciles, a la tierra.


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