
Las rosas de mi jardín se han agostado; parecen haber presentido tu abandono antes que mi propio cuerpo. Te marchaste con el orto, huyendo entre las luces primeras, tratando de escapar de la arquitectura de tus sombras y de ti misma. En el laberinto de tu mente has erigido un ídolo falso de lo que soy, mientras mi conciencia habita en un sosiego sutil, casi necrótico. Sé quién habita bajo mi piel y hacia qué abismo me dirijo. Hay momentos en que solo deseo el sueño eterno, una renuncia definitiva al pulso de este mundo. Pero el dolor es un motor que me obliga a buscarte una última vez. Sé en qué rincón del olvido te escondes; una de tus «aliadas» se ha encargado de marcar mi rostro con tu ausencia, presumiendo entre dientes que ahora posee los restos de tu amor. Haré un último intento por rescatar lo que nunca fue mío. Pero si yerro, si mi mano solo encuentra el vacío, regresaré en silencio a mi jardín marchito para dormir por siempre bajo las espinas de mi rosal muerto.
©Copyright Margarita MedGut

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