La eucaristía del olvido

Preciso un veneno antiguo, una pócima letal que destile la hiel de tus palabras de siempre… Aquellas promesas que siembras en tu inconsciente. Bebes gotas de clonazepam, un elixir del olvido, cada vez que tus ojos fríos tropiezan con los míos. ¿Acaso es el tributo que pagas para ignorar que existo? Me pregunto por qué insistes en tu exilio, si el alienista te recetó un frasco llamado «esta realidad».

Hay llanto en mi alma, un orfeón de dolor y desesperanza. Miro a mi alrededor y todo es ceniza, un rito sin sentido. Por segunda vez, siento la escarcha en el ventrículo; el hielo avanza, implacable, congelando mi mundo. Y pensar que cada noche viajas a tu propio abismo a indagar. No te has dado cuenta, pero ya no soy parte de tu mundo. Ni siquiera puedes plantearte la arquitectura de tu propia ruina. Yo, por mi parte, estoy enferma de un desamor necrótico. Y la verdad, no encuentro diferencia alguna: cada uno, a su manera, se desprende de esta realidad inconscientemente. Simplemente quiero entender la geografía de tu nuevo infierno, entender qué demonio te habita y por qué cambiaste el sol de nuestra realidad por este eclipse eterno en tu nuevo mundo.

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