Embrujo

Tu corazón es negro como el abismo, poblado de sombras, tristeza y soledad. Es un territorio herido por la vida, un mapa de cicatrices donde sé que no debo sembrar mi esperanza; porque entrar en tu mundo es aceptar la derrota, y yo no soy más que otro náufrago con la vaga expectativa de descifrar el enigma de tu alma oscura. Eres elocuente, casi una melodía perversa; tus palabras silban en mi oído como una música prohibida, como esos manjares que el mundo ofrece para perdernos. Pero sé que indagar en tu profundidad es hundirse, es naufragar en una confusión donde la luz no alcanza. Miro tus ojos, que tienen el color de las rosas azules de mi jardín, y en cada trazo de tu rostro leo la historia del dolor: esa anestesia que ha vuelto de piedra tu pecho. No te culpo; entiendo que son las cenizas de tus incendios, pero hoy debo romper este embrujo de palabras almibaradas. Tu lengua ofrece azúcar, pero tu corazón negro solo busca lacerar los labios que se atreven a besarte. Vuela, entonces, hacia el destino que te reclama. Sigue tu camino de sombras y deja que sea otro corazón el que se abata y se pierda bajo el peso de tus encantos.


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