En el jardín, las rosas suspiran en un juego lento, mientras las margaritas pierden sus pétalos, contando el paso inexorable de las horas. Son como amores que se desvanecen en el aire, dejando apenas un eco vibrando en el alma.
En un viejo jarrón, los claveles rojos se abrazan, tímidos, como un secreto que teme ser revelado. Y tú, sentado bajo el rosal que estalla en vida, ¿acaso sientes el mismo frío y el mismo fuego que yo?
Tu mirada es un enigma donde el tiempo se consume, un mapa de sueños que te atormentan sin rumbo. Si dejas que la llama se apague antes del vuelo, ¿qué quedará de ti sino la sombra de una vida truncada?
Vuela, hacia donde el corazón te dice. Porque cuando el final nos reclame con su sombra, descansaremos juntos bajo la raíz del mismo rosal; allí, en eterna unión, donde los sueños por fin dejan de ser anhelos para volverse tierra y paz.


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