Ausente

Hoy, finalmente, le prendí fuego a tu ausencia. Frente a mis ojos solo queda el rastro del camino que mis pies han gastado durante años. Soy un laberinto de complejidades, lo sé.

La brisa comienza a caer y mi cuerpo se estremece bajo el viejo nogal. Miro a la gente pasar, como en una cinta que no se detiene, y descubre con asombro que los hijos del vecino ya no son niños. El tiempo ha corrido frente a mis pupilas, silencioso y voraz, mientras yo, sin notarlo, parecía entregarlo todo a cambio de nada.

Me doy cuenta ahora de que somos pocos los que transitamos esta senda. Nadar contra la corriente es mi pan cotidiano, una batalla de cada día. Pero en este cauce, solo sobrevive aquel que obedece al corazón; y el mío, al menos, jura que me llevará hacia la luz que tanto él buscó en las sombras de este mundo.


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