Sublime

Era sublime buscar tus ojos en la penumbra. He cruzado mil miradas: algunas cargadas de pesadumbre, otras tantas afligidas, y muy pocas que conocieran el brillo de la dicha.

Pero esa noche, el abismo en tus pupilas fue distinto. Reconocí tu mirada en el mapa de mis memorias; era un espejo de la de mi madre: el mismo rastro de aflicción, la misma herida antigua.

Resultaba extraño encontrar mi felicidad allí, viendo tus ojos arder en la oscuridad de mi inconsciente. Comprendí, al fin, que cada mirada tiene un destino: que entre el gris y el negro absoluto, siempre hay un propósito que nos mantiene en pie.


Deja un comentario