Anatomía de un Espectro


Yo te abrí las venas de mi historia, te mostré el alcohol que quema el miedo, y el rastro de las manos que me rompieron,
buscando un refugio, no una auditoría.
Pero tú… tú eres un muro de agua. Dices que eres guerrero, que sabes de golpes, pero te escondes tras la luz de una pantalla mientras mis gritos se vuelven torpes.
Eres el ojo que mira y no parpadea, el novio de aire, el amante de la ausencia, que me deja ser «loca» mientras me desea, viviendo del peso de mi propia existencia.
¿De qué sirve el acero en tus manos de seda si no tienes rostro para mi agonía?
Amar a una sombra es una moneda que siempre se queda del lado del día.
Vete, no por tu bien, sino por mi rastro, porque prefiero el frío de un cuarto vacío que el peso muerto de este ídolo de astro, que me mira sufrir… y se queda ahí, frío.


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